– “¡Dios mío!”.. – clama mi quebranto.
¿Qué no ves que estoy llorando?
Tu impulso magro no aguanto.
Tus ínfulas van matando
mi vida toda de espanto
do voy, do camino y ando.
Aparta de mí tu manto
harto de argucia, de encanto…
No duermo al estar pensando
sin descanso y sollozando.
No te necesito más.
Déjame encarar mi sismo.
Convivir juntos, jamás,
es hundirse en un abismo…
¡Cuántas veces además
preso fui de tu mutismo!...
Rea de tu deseo querrás
Ver mi alma y no podrás,
pues huiré de tu estatismo
pa ser dueño de mí mismo…
En mi libre castidad
a millas mil de distancia
reiré de felicidad
corriendo en toda mi estancia,
con plena seguridad
ignorando tu importancia
dueña de mi humanidad,
sin que la necesidad
me arrodille a tu arrogancia
o te busque en mi inconstancia.
EDICION: Nov. 2011

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