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Conflictos Familiares

Es de mañana
con bocas vacías, sin hablar
con lluvia calmada sin que nadie regañe
con cosas muchas de qué hablar:

Estaba un poco dormido,
recuerdo los primeros actos,
lo diré cómo ha sucedido
estos pesados impactos.

Pocos minutos faltaba
para la una de la madrugada;
escuché ruidos a la entrada,
yo solo dormitaba.

Era él cubriendo goteras
buscando plásticos para llevar,
a un cumpleaños que iba a terminar,
para traer a sus hijitas que querían reposar.

Apareció su esposa
que, al rato, le empezó a gritar
por la demora y su desinterés,
quitole los plásticos y optó por caminar.

__ “¡No me sigas!” –, dijo ella,
“¡Tus dos hijas no te importan, solo tu familia!” –, aseveró;
empezó así un enredo, una querella;
en plena lluvia todo se turbó.

Me senté en el mueble sobresaltado,
sentí un inmenso frío bañar mi cuerpo,
le ví a él cruzar el umbral enojado,
la siguió, gritole con furia y acerto.

Escuché voces, gritos;
la estaba jalando para adentro,
arrancole los plásticos de su mano;
recibía, ella, así, un trato insano.

Quedose, ella, charlataneando sin parar,
repitiendo a menudo lo mismo;
fui luego el agua a botar,
pero sentía que todo iba a empeorar.

Él hizo dos viajes seguidos;
pasé el coche, cerré la puerta;
la paz estaba muerta,
reinaba un conflicto incierto.

Gocé pocos minutos de paz;
aún faltaban unas chorreras
para tratar de tapar;
ella vino a la sala a sermonear.

Me acosté en el mueble,
apagose las luces todas del hogar;
y un poco más adentro se escuchó;
bullicios, golpes; le empezó a pegar.

Bañole con agua; sacole sangre,
__“¡Déjame!” –, dijo ella, “¡No soy hombre
para que me trates de esa manera!”;
pero no; le seguía con mano artera.

En ese lapso de tiempo pensé
con profunda insistencia:
__“¿Realmente se aman?, si así fue,
Por qué entre ellos hay maledicencia.

Si no se amaban,
¿Por qué se unieron,
en verdad esto esperaban,
ya antes esto presenciaban?”

Este domingo 5 de febrero,
fue un día atroz que viví;
pensé, sería diferente, empero
inmenso horror percibí.

Son el promediar de las siete y media,
ya el conflicto acedía.
Ella, empezó a palabras increparle;
la paciencia empezó a él a faltarle.

Aunque es un día embustero,
insípido, incoloro, lleno de enojos,
te ruego Dios del Cielo
por este nuevo hogar: “¡Bendícelo, protégelo!”.