por un hija descarriada;
ellos estaban desesperados
más ella se sentía abandonada.
— Queremos – dijeron, lo mejor para ella
dinero, ropa, también alimentación
son la base de su educación;
todo está a su disposición.
— Mi padre – dijo ella, es muy ocupado,
mi madre es demasiado fría;
yo reclamo el amor que me han negado,
les pido su dulce afecto y compañía.
Ella llevaba una conducta distorsionada
por el desafecto e incomprensión,
frecuentemente estaba ligada
a una enorme desesperación.
Entre padres e hija nación una querella,
una gran incomprensión;
el amor fraterno que quería ella
llenose de agria desilusión.
Importantes eran las mutuas relaciones
pero los madres no las conocían;
sus trabajos y ocupaciones
de ella los desatendían…
Dentro de un largo periodo,
mirándose, padres he hija, fijamente,
abrazáronse ante todo,
habláronse emotivamente.
— Ellos, con lágrimas en los ojos,
dijeron que lamentaban lo ocurrido;
que su actitud necia, cargada de enojos
ocultó su amor por ella en todo lo vivido.
— Ella recostose en el hombro
del entristecido padre;
“¡Seré Buena!” Repetía con asombro…
“¡Les prometo que seré buena!”.
Subsanose la sensación del vacío
por la falta del afecto en los corazones;
el cambio de conducta
fluye solo al restaurar las relaciones…
Así, la humanidad gira en la necesidad
de buscar relaciones satisfactorias
para evitar el peligroso sentir de soledad
de desórdenes de conducta causante.

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