Este domingo de Enero
me recuerda a aquel día
que por vez primera nos hablamos.
No te amilanes en los desánimos
pues gracias a Dios vivos estamos
y los amigos te extendemos las manos;
así, y solo así es como triunfamos.
¡Ánimo! Basta de tristezas,
y de grandes vacíos,
pues en Dios hay paz,
como en los frescos rocíos.
Mira el sol que nunca de brillar
en este mundo, ha de dejar
aún cuando densas nubes lo cubren.
Respira la pureza del oxigeno
aún cuando todo está contaminado,
escucha el palpitar de tu corazón
que no se detiene
hasta tu último suspirar
y es el último en morir.
EDICIÓN: 2007
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