Aquella Mañana del veintiocho de Octubre
a la cumbre fueron llevados
tres jóvenes valerosos maniatados;
por la injusticia victimados.
La paciencia formó parte del honor
con todo coraje se inmolaron;
tan inmenso por su pueblo fue su amor
que no se dio tregua al odio y al rencor.
Así resistieron al opresor,
a la amenaza cruel y despiadada
y ante toda injuria e insolencia mencionada
solo el grito del silencio respondió.
Pero las armas no se conmovieron
y los disparos mortales no se detuvieron
mientras la roja sangre vertían
tres gloriosos hombres nacían.
Edición: 28 Oct. 2004
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